No es verdad que el materialismo sea consecuencia de esos estudios, sino que el hombre deduce de ellos consecuencias falsas, porque puede abusar de todo, hasta que las cosa mejoren. La nada,por otra parte, los horroriza más de lo que quieren aparentar, y los despreocupados son a veces más fanfarrones que valientes. La mayor parte son materialistas solamente, porque no saben cómo llegar aquel vacio, y si ante el abismo que a sus ojos se abre les ofrecen un áncora de salvación, se asirán solitos a ella.
Por una aberración de la inteligencia, hay personas que no ven en los seres orgánicos más que la acción de la materia, y que refieren a ella todos nuestros actos. No han visto en el cuerpo humano más que una maquina eléctrica; no han estudiado el mecanismo de la vida más que el funcionamiento de los órganos; la han visto cesar con frecuencia por la ruptura de uno de sus hilos y no han percibido otra cosa más que ese mismo hilo, han indagado si quedaba aún algo, y como solo han encontrado la materia inerte y ya no han sido capaces de distinguir el alma que se desprendía, ni han podido apoderarse de ella, han deducido que todo estriba en las propiedades de la materia y que, por lo tanto después de la muerte sólo existe la nada del pensamiento. Triste consecuencia, si así fuese, porque entonces no tendrían objeto el mal y el bien; el hombre obraría cuerdamente sin pensar más que en sí mismo y en sobreponer a todo la satisfacción de sus goces materiales; se romperían los lazos sociales y rotos quedarían para siempre los más santos afectos. Afortunadamente, semejantes ideas están muy lejos de ser generales, puede muy bien decirse que se hallan muy circunscritas y que sólo constituyen opiniones individuales, porque ne ninguna parte erigidas en doctrina. Una sociedad fundada en tales base llevaría en sí misma el germen de la disolución, y sus miembros se desplazarían como fieras.
El hombre tiene instintivamente la creencia de que todo no concluye para él la vida, y en vano se resiste a la idea del porvenir, pues cuando llega el momento supremo, pocos son los que dejan de preguntarse que será de ellos, porque el pensamiento de cesar absolutamente en la vida es desconsolador. ¿Quien podría mira con indiferencia la separación absoluta y eterna de todo lo que se ha amado? ¿Quién podrá, sin horrorizarse, ver cómo se abre a su vista el inmenso abismo de la nada, dónde irán a sepultarse para siempre todas nuestras facultades, todas nuestras esperanzas, y decirse: =¡Qué, después de mí, nada, nada más que el vacío, todo acaba para siempre; dentro de algunos días, mi recuerdo se borrará en la memoria de todos los que me sobreviven; pronto no quedará vestigio de mi transito por el mundo, hasta el bien que he hecho será dado al olvido por los ingratos que he creado. Y nada hallaré en recompensa de mi cuerpo roído por los gusanos!=
¿No es horroroso, no es glacial semejante cuadro? La religión nos enseña que no puede suceder así, y la razón viene en su apoyo. Pero esa existencia futura, vaga e indefinida nada tiene que satisfaga nuestro positivismo, lo cual engendra dudas en muchos. Tenemos una alma, cierto, pero ¿qué es nuestra alma?
¡Tiene una forma, una apariencia cualquiera? Unos dicen que es un soplo de Dios; otros una chispa, éstos, una parte del gran Todo, el principio de la vida y de la inteligencia;pero ¿qué nos enseña todo eso? ¡De qué nos vale tener una alma si, al morir nosotros, se pierde en la inmensidad como las gotas del agua en el océano? ¿La pérdida de la individualidad no es lo mismo para nosotros que la nada? Se dice también que el alma es inmaterial; no obstante lo inmaterial no puede tener proporciones definidas, y para nosotros es nada. La religión nos enseña también que seremos felices o desgraciados según el bien o el mal que hemos hecho; pero ¿qué dicha es la que nos espera en el seno de Dios? ¿Es una beatitud, una contemplación eterna, sin ocupación que cantar alabanzas al creador? ¿Las llamas del infierno son una realidad o un símbolo? La misma iglesia las toma en este último sentido, pero ¿qué sufrimientos son éstos? ¿Dónde está ese sitio de suplicio? En una palabra, ¿qué se hace y qué se ve en ese mundo que nos espera a todos? Nadie, se dice, ha vuelto de él para traernos noticias. Esto es falso, y precisamente la misión del espiritismo es ilustrarnos acerca de ese porvenir, haciéndonoslo, hasta cierto punto, tocar con los dedos y ver con los ojos, no por medio de razonamientos, sino de hechos.
Gracias a las comunicaciones espiritistas, no es ya el porvenir de una presunción, una probabilidad que cada uno compone a su modo, y que los poetas embellecen con sus ficciones o siembran de imagenes alegóricas y engañosas sino una realidad que sale a nuestro encuentro, porque los mismos seres de ultratumba vienen a pintarnos su situación, a decirnos lo que hacen permitiéndonos, así por decirlo, asisitir a las peripecias de su nueva vida y patentizándonos de este modo la suerte inevitable que nos está reservada , según nuestro méritos y faltas. ¡Hay algo de irreligioso en esto? Todo lo contrario, porque en ello encuentran fe los incrédulos, y los indiferentes una renovación de fervor y confianza.El espiritismo es por lo tanto, el auxiliar mas poderoso que la religión. Puesto que los hechos existen, es porque Dios los permite para alentar nuestras vacilantes esperanzas y conducirnos al camino del bien por medio de la perspectiva del porvenir...
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